viernes, 5 de julio de 2013

Contextos religiosos ambiguos


Rubens, Pedro, Discerner la foi dans des contextes religieux ambigus. Enjeux d’une théologie du croire, Les Éditions du Cerf, Paris 2004, 538 pp, 13,5 x 21,5 cm (Carthaginensia 47 (2007) 242-243).
El actual rector de la Universidad Católica de Pernambuco, hace honor a la prestigiosa colección Cogitatio Fidei, precisamente, pensando la fe en este ensayo de una teología del creer. La fe debe ser constantemente repensada, discernida en aquellos contextos religiosos en los que se desenvuelve, especialmente en aquellos de mayor ambigüedad social y humana. Esto es lo que hace el autor en este excelente trabajo de aproximación a la realidad de la fe brasileña que supone una puesta en práctica de la teología contextual que está naciendo en este siglo XXI inspirada en la obra eminente de Waldenfels.
La obra está organizada en tres partes bien estructuradas y compensadas que pretenden recoger el triple movimiento que toda teología fundamental debe afrontar. En primer lugar hay que mirar directamente el contexto en el que la fe se tiene que vivir, un contexto extremadamente ambiguo en el mundo actual y más en la realidad de un país donde el cristianismo ha tenido muchas influencias y sincretismos. En segundo lugar hay que mirar por el retrovisor, es decir, ayudarse del pasado teológico para interpretar este presente vivencial. En este caso se trata de la teología de Paul Tillich, una teología fronteriza que sabe del diálogo en circunstancias confusas. Por último, hay que ir a la Escritura, a la Palabra de Dios, para poder dar razón de nuestra esperanza en toda situación, más en las vagas circunstancias en las que se vive el cristianismo hoy.

Para llevar a cabo este triple movimiento, la obra consta de tres amplias partes. En la primera se desarrolla el contexto brasileño de fe a través de tres grupos cristianos que han dado nueva vida al cristianismo en aquel país. Estos tres grupos diferenciados proponen de manera inconsciente una nueva matriz del creer (23). En primer lugar las Comunidades Eclesiales de Base, nacidas al calor de la teología de la liberación con una clara opción por los pobres, proponen un nuevo rostro de Iglesia popular y enraizado en las luchas históricas del pueblo. Su vida misma se identifica como una verdadera eclesiogénesis, una nueva manera de vivir y ser Iglesia, atenta a la Escritura y a la dimensión comunitaria de la fe, vivida como una liberación en vistas a la comunión y la participación con Dios (51). En segundo lugar, la Renovación Carismática Católica, nacida en el pentecostalismo católico estadounidense y los cursillos de cristiandad, estaba en auge en los años en los que declinaban las Comunidades Eclesiales de Base. De origen clerical, tiene una base eminentemente laica. Son un intento de vivir la experiencia religiosa en perspectiva espiritual y moral, sin los vínculos sociales y políticos que caracterizaban la coyuntura política brasileña. Su base en los grupos de oración le dan el signo característico de espiritualismo centrado en los signos externos del reconocimiento de la presencia del Espíritu: la glosolalia, la profecía y los milagros. Pero, la verdadera piedra de toque de la autenticidad de esta presencia es el amor (78). Por último, tenemos el movimiento pentecostal brasileño. Es el fenómeno religioso más importante de la escena religiosa brasileña, cuenta con el 15% de su población y nace de una mezcla de elementos autóctonos y exógenos: catolicismo popular, pentecostalismo americano, movimientos de santificación y pietismo romántico. Su adscripción es protestante y su idiosincrasia difusa; no posee formas nítidas de organización institucional, lo que le hace aparecer como una experiencia mística y en ocasiones sectaria.
La segunda parte, Pensar con Paul Tillich, se lleva la parte del león (138-324). Se trata de recoger las aportaciones de la teología de la cultura de este teólogo alemán de frontera, frontera en tres ámbitos, el temporal: vivió entre dos siglos, el XIX y el XX; el físico: vivió entre dos continentes, Europa y América; el intelectual: vivió entre dos disciplinas, filosofía y teología. Precisamente como Rubens. Desde esta posición de frontera, entre dos mundos, realiza Tillich su método de correlación. Con él pretende establecer una nueva relación entre la religión y la cultura, siendo aquella la dimensión de profundidad de ésta y la frontera entre ellas «el mejor lugar para procurar el conocimiento» (147). En relación absoluta con el proyecto del teólogo alemán, Rubens analiza las grandes líneas de su obra para marcar los tres ejes mayores de su pensamiento: «las demarcaciones entre fe y religión, en vista de una interpretación del cristianismo; las que hay entre ontología y existencialismo, en vista de un estatuto epistemológico de la teología; en fin, las que hay entre situación cultural y kerigma cristiano, en vista del proyecto de una teología apologética, es decir, de una “teología que responde” a una situación contextual» (148). Pensar con Tillich significa negar una oposición simple entre fe y religión o entre cristianismo y cultura, pero, para aplicar a la situación concreta de Brasil, Rubens apuesta en pensar más allá de Tillich (322), con el fin de establecer, en la tercera parte, Itinerarios Cruzados, el estatuto hermenéutico del creer.
Este estatuto hermenéutico del creer cristiano tiene su fundamento en la diferencia cristiana. El cristianismo no se basa en una realidad abstracta que dice al hombre cómo debe comportarse sino en una realidad muy concreta: Jesucristo, el hombre que ha manifestado plenamente a Dios, el hombre en el que Dios se ha entregado (427). Por tanto, el cristianismo se define como una manera singular de habitar el mundo y de vivir enteramente desde Dios. Se consigue establecer la teología fundamental como una epistemología del acto de creer a partir de la hermenéutica de la diferencia cristiana. El acto de creer es la encarnación de la palabra de Dios para cada hombre en cada lugar concreto, es la respuesta adecuada a la revelación concreta de Dios en el contexto del ser humano. Se necesita una fidelidad creadora que establezca una relectura de los textos sagrados en los contextos mundanos y permita la correlación entre el acto de Cristo y el acto de creer de los cristianos. De esta manera, el acto de creer cumple lo que falta a la carne de Cristo (442). En el contexto brasileño, los nuevos movimientos cristianos «inscriben el acto de creer en una dinámica de cumplimiento, no sin arrastra conflictos de interpretación» (448). El acto de creer muestra una triple novedad propia del cristianismo: la novedad de un acontecimiento, la de un cumplimiento y la de un discernimiento (509), de esta manera, «el creer mismo es una revelación en el corazón de lo vivido» (514), quedando unidas Fe y Revelación en un solo acto: el acto de creer.
Por lo demás, la obra cuenta con una copiosa y apropiada bibliografía y un extenso aparato crítico que aumenta, si cabe, su valía. Estamos convencidos que es de esas obras que, entre dos mundos, abren caminos para la reflexión teológica del tercer milenio.
Bernardo Pérez Andreo

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